




Cada día sobrevuelan más pajarillos por nuestros cielos. Será porque tenemos un aire limpio, claro y sin contaminación. Pero a mí cada vez me enfadan más. Sí: llamadme anti-ecológica, quizás lo sea… Pero, francamente, me resulta desagradable pasarme el día pisando excrementos, limpiando el coche de éstos (pues lo dejes donde los dejes, acaba hecho una porquería) y limpiando los cristales que estas simpáticas aves no hacen sino ensuciar. Ni poniéndoles CD’s, ni bolsas de plástico, ni nada… Ningún remedio es eficaz para que tus balcones, tu ropa tendida amanezcan manchados. Ni siquiera tú misma estás libre de que te lo dejen caer encima. Casi hay que protegerse con un paraguas al pasar por algunas calles.
Además de la suciedad, que nadie se molesta en limpiar (pues necesitarían de cepillos de alambre y manguera de agua a presión), está el molesto olor con el que nos reciben nuestras calles… y eso que aún el calor no aprieta,
Hay zonas como la Casa del Primer Marqués de Cerralbo (Edificio de Abarca para todos), a cuyas aceras no puedes ni arrimarte. Lo mismo ocurre con el edificio de El Porvenir, en la calle Gigantes.
Golondrinas, palomas, cigüeñas y algunas aves más que soy incapaz de identificar, ya que este tipo de animalitos nunca me han seducido, sobrevuelan y manchan nuestras edificios y calles. Y yo me pregunto: ¿no habría forma de acabar con esta invasión? Supongo que hoy en día habrá multitud de soluciones a este molesto problema: desde las menos invasivas (halcones u otros predadores) a las más radicales (capturarlos y sacrificarlos). Creo que el exceso de celo ecológico nos ha traído esta molesta, ruidosa y sucia invasión. Pido soluciones a nuestros nuevos ediles a ver si ellos hacen algo. Sé que estoy siendo políticamente incorrecta, pero de verdad que a mi me produce mucha repulsa esta situación.





































